Juan de la Cruz, 1. 20302 Irun. Gipuzkoa (+34) 943 66 04 00 Lunes a viernes: 9:00 - 13:30 / 15:30 - 19:00 | Sábados: 9:00 - 13:30

Noticias

“Tienen más trascendencia los puntos Parker que nombrarte mejor enólogo del mundo”

RAÚL PÉREZ, MEJOR ENÓLOGO DEL MUNDO EN 2016

Modesto y con los pies en la tierra. Así se muestra Raúl Pérez, cuya designación como mejor enólogo del mundo en 2016 no ha menguado su pasión por la elaboraciones apegadas al terruño. Su extensa gama de vinos -repartidos por Douro, Albariño, Bierzo, Jumilla, entre otras denominaciones- refleja la búsqueda de la fruta y la acidez, cualidades que han seducido a la crítica. Durante su visita a Vinoteca Mendibil nos concedió esta entrevista, en la que desgrana su visión del mundo vinícola.    

¿Cómo llevas la designación como mejor enólogo del mundo? 

No es un parámetro que tenga importancia. No se puede medir. Mucha gente me lo pregunta y nosotros ni tan siquiera nos enteramos. Es temporal, un título que hay que poner a uno. En el gremio de los enólogos hay mucha diversidad y hay muy buenos. No hay un enólogo que reúna todo. En cualquier caso, a quién no le gustan los reconocimientos.

¿Tiene importancia a la hora de trabajar?

No estoy seguro de eso. Noto más trascendencia que Robert Parker dé 96 o 97 puntos a uno de nuestros vinos.

En ese sentido, ¿qué opinas de las altas puntuaciones de Parker a tus vinos?

Fui el primer sorprendido, me pareció una cosa extraña. Probablemente fue más provocado por el momento. Era 2005-2006, momento de cambio en la enología, con los últimos ramalazos del boom del predominio de la madera en el vino de Ribera del Duero y de otras muchas zonas. Con la demanda en EEUU de vinos con más fruta, se empezó a hablar más de eso que de la madera. En ese impasse, al crítico de Robert Parker en España, Jay Miller, le tocó hacer la cata de El Bierzo y a nosotros nos pilló en un momento en que no teníamos dinero para barricas. Encajamos muy bien. Si eso hubiese pasado un par de años antes o después, creo que hubiera sido uno más. Fue el momento justo. Para nosotros una gloria bendita.

¿Qué fue lo que llamó la atención de tus vinos?

Eran vinos muy alternativos, pero hoy todos tienen correspondencias, como por ejemplo la fruta que tenía El Pecado, que en ese momento no se estilaba, tipo los syrah de Crozes Hermitage o Côte-Rôtie. En ese momento, no se trabajaba con uva entera en España, no se le daba importancia al suelo, se hacían más vinos de mezcla. Normalmente, cuando una bodega tiene veinte vinos diferentes los mezcla y saca tres. Sin embargo, nosotros elaboramos muchos, cada uno con su historia y con una clara diferenciación de suelos.

¿Por qué tienes esa inquietud por hacer vinos en diferentes zonas?

Hoy quizá no lo haría. Cuando no tienes líos, te metes en ellos. Estábamos construyendo la bodega hace 20 años y por circunstancias del arquitecto terminé conociendo al enólogo José Luis Mateo, de Monterrei. Empezamos a elaborar y a entender que una variedad en diferente situación geográfica y distinto suelo se comporta de forma diferente. El siguiente paso fue saltar a Ribeira Sacra. Empezamos por Galicia y lo que originalmente era elaborar vinos de mencía en diferentes zonas se convierte en muchas variedades, muchas posibilidades y meterse en un fregado. Rias Baixas, Tierra de León, Asturias… y, al final, hay mucha gente que me llama para hacer algo y acabo enganchado.

¿Cómo eliges esos proyectos?

Lo primero es la persona. Si no hay feeling no puedes hacer nada. Y también valoro que exista una posibilidad clara de diferenciarse. Estoy seguro de que si tengo que hacer vinos en Ribera del Duero los haré, pero me iba a resultar muy difícil diferenciarme. Prefiero ver cosas nuevas o zonas que son menos interesantes para la gente e intentar darles valor. Básicamente porque es más sencillo.

Y si te ofreciesen hacer txakoli…

Euskadi es una zona con muchísimas posibilidades. Nunca me lo han ofrecido. He venido por la carretera viendo las viñas y son impresionantes. Una de mis prioridades en los vinos es la acidez, y esta es una zona que la tiene junto con Cantabria, Asturias… Algunos vinos vascos los confundo con borgoñas. Ya me han colado en tres catas un txakoli de una bodega vizcaina y he pensado que era un borgoña.

¿Qué cualidades te llaman la atención para elaborar txakoli?

Tiene todas las posibilidades. Climatología muy buena, con un nivel de sol y variedades propias. Eso es un arma tremenda. Sí recuerdo que mi primer contacto con el txakoli me transmitió sensaciones de acidez descontrolada. Eran vinos más salvajes, pero ahora algunos son incluso demasiado dulces. Probablemente sea un problema de maloláctica, lo que antes nos pasaba en Rias Baixas. Todo el trabajo está en la transformación de ácidos en la viña para que luego no haya problemas de inestabilidad ácida.

Los vinos españoles son muy valorados en el extranjero por su calidad a unos precios ajustados. ¿Qué opina?

La relación calidad-precio es salvaje. En el mundo del vino hay dos españas. Hasta los años 90, que se trabaja muy en precario y a partir de esa década, en la que el vino está muy subvencionado. Las cooperativas que antes eran cuadras ahora son naves espaciales. La limpieza y la tecnología es tremenda. Antes había clase alta y clase baja, ahora hay mucha clase media. Y es cierto que hay mucho vino a un nivel muy razonable. En Francia pagas tres veces más por un vino que no tiene tres veces más de calidad.

Pero su comercialización exterior es complicada.

Frente a todos los proyectos de países como Australia o Latinoamérica todavía le falta un poco de rodaje. En Europa, en comparación con Francia, Italia y Alemania vamos por debajo. Sin embargo, España elabora vinos más bebibles porque con las horas de sol que tenemos nuestro perfil es mucho más redondo para tomar a más corto plazo.