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¿Por qué consumen poco vino los jóvenes?

En España cada vez se bebe menos vino, cuando, paradójicamente, es mejor que nunca y a precios razonables. El consumo anual por persona es de 17,25 litros, muy por debajo de Francia (42 litros) e Italia (33 litros). La estadística es más triste aún si se compara con países sin tradición viticultora como Suecia (26) y Gran Bretaña (22). Esta situación resulta especialmente preocupante entre los jóvenes, quienes deberían garantizar el futuro de esta bebida, incluida en la dieta mediterránea y considerada oficialmente como un alimento. ¿Por qué beben tan poco vino los veinteañeros y los treintañeros? En Vinoteca Mendibil estimamos que estas son las seis causas principales.

1. La gente joven relaciona vino con ocio: No consume vino en el día a día y, en el mejor de los casos, lo hace el fin de semana. Esa costumbre de acompañar las comidas con una copa de vino se relaciona con bebida de “viejos”. Sin embargo, en una cena de sábado resulta cool.

2. No se cocina en casa: Las últimas generaciones de jóvenes no cocinan. Sus padres les introdujeron en la incultura del fast food con pizzas, hamburguesas y otros alimentos precocinados, saturándoles además de grasas y azúcares. Este legado culinario estadounidense no va asociado al vino y sí a refrescos dulces y carbonatados. El resultado: muchos jóvenes, generalmente, no saben cocinar, sus paladares solo admiten sabores dulzones y el vino es una bebida inexistente para ellos.

3. El sector vinícola no se sabe vender: Faltan iniciativas promocionales que calen entre los jóvenes, en las que se transmita que el vino es un elemento de la dieta mediterránea y, bebido con moderación, un alimento saludable. No se cuida un producto que aúna gastronomía, historia, arte, turismo, agricultura, química, física y biología, entre otros aspectos. Frente a esta dejadez, el lobby cervecero ha conseguido calar entre los jóvenes, quienes consumen esta bebida con asiduidad.

4. La dictadura de los grandes grupos del vino: Los gigantes grupos vinícolas españoles marcan la pauta comercial y publicitaria. Saturan el mercado con vinos vulgares y convencionales, mientras que sus acciones de marketing se dirigen a un cliente maduro con gustos conservadores.

5. La hostelería no cuida el vino: Percibimos que la gente joven prefiere beber poco vino pero de calidad. Y hay pocos establecimientos que ofrezcan esta oferta. Además, resulta excepcional encontrar camareros que tengan conocimientos sobre vino.

6. No hay dinero para todo: Las consecuencias de la crisis persisten y los jóvenes las padecen con crudeza, en muchos casos no tienen trabajo o su salario es reducido. Como consecuencia, muchos de ellos sufren inestabilidad laboral y su nivel adquisitivo es bajo. Con este punto de partida comprar una botella de buen vino se convierte en un gasto.